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viernes, 25 de julio de 2014

Navegando en la Red

Fuente.-Emilio Arnag.-El PP tiene miedo.- Diario Progresista.

Desde que llegó al poder dando saltitos en Génova en aquel frío del 2011, el Partido Popular creía que sus prometidas hazañas iban a reconvertir este país en una proceso de honestidad contra la herencia recibida de Zapatero, al que acusaron de una dolce vita propia de un Casanova efímero y frívolo.
El PP en aquellos tiempos sacó pecho y prometió a los españoles que la nación iba a ser recuperada del vasto marasmo acaecido tras el marasmo socialista. Pronto dedujimos que eso no iba a ser así. Que el PP voceó en campaña todo lo que pudo con el único fin de alcanzar el poder.
 
Gustave Le Bon dijo que uno de los hábitos más peligrosos de los hombres políticos mediocres es prometer lo que saben que no pueden cumplir. Esta mediocridad es en donde se ha calumbado este polo de helado que es el rajonismo. Don Mariano, calvario y plasma, llegó para salvar a España, como un general con espada ante un Golpe de Estado. En seguida nos dimos cuenta que el tal Golpe se estaba cometiendo. Decreto tras decretazo empezaron a verterse los recortes y las políticas antisociales. Amante shakesperiano de Merkel, Mariano se genuflexó ante la emperatriz, la cual le impuso el austericidio. Los españoles, hambrientos como Pedro Luis de Gálvez, comprendimos que el marianismo había venido para destruir más que para construir. Pero el español no es un tontolabas. Inmediatamente las manifestaciones pronunciaron las ciudades españolas de sur a norte, de plaza en mar, de tejado en feria. Miles y miles de callejerismos gritaban a los popularazos que no estaban de acuerdo con el politicismo neoliberal al que estaban apostando. Pero si eso sólo fuera lo único, quizá nos hubiéramos callado, o no. Lo peligroso vino cuando apareció Gürtel y un tal Barcenas, más los casos de corrupción donde estaban involucrados la cúpula del eficiente Partido Soviético. Y más decretazos. Borges dijo que la democracia es el abuso de la estadística. En eso se ha convertido durante estos tres años el marianismo, puras cuentas y meros números, pero nada de emocianalidad ante tanta herida y ante tanto sacrificio, dolencia, hemorragia, muerte, sufrimiento, quemazón en la ñema, pueblo contra una minoría elitista pujada por la Troika y por el rescate bancario.
 
Han pasado los años y las cosas han cambiado. Desde el 25M, tras el avance de los partidos minoritarios -y sobre todo tras la irrupción de Podemos- de repente el marianismo tiene miedo, mucho miedo, heladuras, canguis, tremolina de piernas. Se defienden como saben, es decir, con el insulto y con la bravata. Pero este terror ante lo que pueda suceder en el 15 tiene su razón. Efectivamente, el PP puede perder las distintas elecciones el año que viene. Y eso les produce cáncer y tauromaquia. El neoconservadurismo nunca ha sido capaz de admitir la derrota, como por ejemplo siempre ha hecho elegantemente el PSOE. Los popularazos tienen miedo ante los demonios y los murciélagos que se le vienen encima. ¿Por qué? Porque llega una nueva generación de jóvenes que confita virtud, verdad, entusiasmo, erasmismo y reforma. El PP ya es senectud, algo que huele a convento quemado. Tienen miedo los politiquillos populares a que se queden sin el sillón y por lo tanto sin la bicoca, que es lo único que les interesa. ¿Es que alguien cree que al marianismo le interesa en algún paso el bienestar de los españoles? En absoluto. Sólo gustan del poder. William Hazlitt comentó que el amor a la libertad es amor al prójimo, mientras que el amor al poder es amor a sí mismo. El marianismo se ama a sí mismo. Cospedal ama sus piernas. Montoro su fealdad. Mato su morenez. Wert su alopecia. Fátima sus vírgenes. Fernández lo mismo. Gallardón su gallardía y así todo seguido. El rajonianismo muere de tanto amarse. Ahora tocan otros amores más globales, más españoles, más regionales, más repartidos.
 
El miedo del PP se irá convirtiendo en una novela gótica, en un carnívoro cuchillo, en una crucifixión al atardecer. Yo lo siento por ellos, pues me dan un poco de penita. Pero se acabó su tiempo. Todo totalitarismo se termina, baste revisar la Historia. Toda Historia supura la realidad y fija la justicia palmo a palmo, invirtiendo en un plan regenerador en donde siempre se instaura la bonhomía -como quería Platón-, la decencia, la dignidad, la igualdad. Un gobierno nunca lo será hasta que los gobernados no estén todos cubiertos en sus derechos básicos. Esta vez no habrá Génova, sino la eliminación del mal.

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